martes, 9 de octubre de 2012

Partenón. Ficha.

Partenon

Ictino & Kalícrates
Acrópolis de Atenas. S. V a.c.


La arquitectura griega es la raíz del arte constructivo occidental y por ello mismo una referencia sin la que no podemos entender la Historia de la arquitectura. Por otro lado su impacto visual y la belleza incuestionable que todavía hoy sigue sorprendiéndonos, la convierte en una parte esencial de nuestra Historia del arte.
La arquitectura griega se basa en tres principios esenciales que son los que la definen: su concepción secundaria del espacio interior en beneficio de la apariencia externa; su sencillez estructural, y su racionalidad constructiva.
En el primer caso, la arquitectura se concibe siempre desde fuera porque las ceremonias religiosas en la cultura griega se realizaban siempre al exterior de los templos, lo que convierte los edificios en enormes esculturas, eludiendo así una concepción determinada del espacio interior. Es también una escultura sencilla porque utiliza elementos verticales de sostén y adintelados como cierre, sin aspavientos decorativos, y es racional porque ésa es también la mentalidad de los griegos de la época. Por ello mismo conciben el edificio como número, como una medida, que les permita alcanzar un ideal de proporción y armonía, base de su concepto del gusto. Esa misma concepción racionalista de la arquitectura, lleva inevitablemente también al orden y la perfección. Del primer aspecto citado son buena prueba las estructuras perfectamente simétricas que caracterizan sus edificios, y de la segunda su criterio de perfección técnica: sus sillares perfectamente ajustados, el pulido escrupuloso de los muros, sus reajustes ópticos combando los dinteles para que el ojo los vea perfectamente rectos, etc.
De todos los edificios construidos a lo largo del arte griego, el templo es el más importante y el más difundido sin ninguna duda. No sólo porque la religión ocupa una parte sustancial de la cultura de este pueblo, sino porque el templo constituye uno de los elementos comunes de la cultura y la civilización griega en cualquiera de las polis independientes en que se dividía la antigua Grecia.
Se trata por tanto del edificio más característico de la arquitectura griega. Por ello refleja perfectamente todas las características ya mencionadas que definían su personal forma de construir. Los templos se dibujan sobre una planta rectangular y constan de tres habitaciones: una primera estancia, que sirve de entrada o antesala, llamada pronaos; el santuario a continuación, donde solía colocarse la estatua de la divinidad a la que estaba dedicado el templo, se le denomina naos o cella; y una pequeña habitación al fondo del templo, que servía para guardar las reliquias y tesoros que poseía el templo, el opistódomos.
Su sentido de la racionalidad conlleva criterios de proporcionalidad y simetría, cuyos elementos constructivos se disponen y se decoran de forma inalterable a través de los órdenes clásicos (dórico, jónico, corintio).
Contemplar cualquier templo construido en la Antigua Grecia es un privilegio que deleita la mirada y apacigua el espíritu, porque pocas construcciones como esta consiguen transmitir al espectador sus ideales de perfección y de elegancia sin perder la sorpresa de la monumentalidad. Así que cualquiera de los numerosos ejemplos que se mantienen en pie hubiera servido para este comentario, aunque hemos elegido el más significativo de todos ellos: el Partenon de Atenas.
Presidiendo la Acrópolis de la ciudad, el Partenon es el edificio más emblemático del momento de plenitud del clasicismo griego. No sólo es un edificio que responde a la perfección a todas las características ya mencionadas de la arquitectura griega, sino que además su presencia imponente en lo alto de la Acrópolis lo hace especialmente bello.
Su construcción en pleno S. V a.c. responde a la política seguida en esa época por Pericles que costeó sin reservas, numerosas obras de embellecimiento de la ciudad y muy especialmente las que constituyen la Acrópolis. Entre todas ellas debía destacar el templo dedicado a la diosa Atenea, principal veneración de la ciudad de Atenas de la que se consideraba su fundadora. Surge así el Partenon, un edificio que conjuga a la perfección las innovaciones aportadas por los mejores arquitectos y un programa decorativo, dirigido por el escultor Fidias, de una extraordinaria calidad.
Desde el punto de vista arquitectónico, los diseñadores de este templo, Ictino y Kalícrates, proponen la construcción de un edificio original en varios sentidos: es más ancho de lo habitual, sin romper por ello la armonía constructiva que es de una exacta proporcionalidad; consta además de una naos o cella, igualmente más grande, que deciden subdividir en tres naves o pasillos y en dos alturas, con la finalidad de poder contemplar mejor la enorme escultura de Atenea que estaba pensado colocar allí; por otra parte, la división de estancias tampoco es la habitual, puesto que junto a la naos se abre una estancia, llamada precisamente partenon, utilizada probablemente por las vírgenes vestales que guardaban el culto del templo o para guardar las numerosas ofrendas que este santuario recibía. Tampoco era del todo habitual en la Atenas de aquella época construir todo el edificio en mármol, pero así se hace, aumentando de esta manera el esplendor exterior del edificio.
La brillantez del Partenon se completa como decíamos con su aportación escultórica. El taller de Fidias, el escultor más afamado del momento, trabaja en la decoración de los frontones, las metopas y los frisos del templo, pero donde su arte alcanza una mayor plenitud es en la ejecución de la inmensa estatua de Atenea Parthenos, hecha en oro y marfil que presidía la cella. No quedan restos de ella, pero es fácil imaginar su mágica presencia considerando sus dimensiones (más de 12 m.), el esplendor de sus materiales, el realismo con que Fidias trabajaba sus obras y el brillo de sus enormes ojos de piedras preciosas en los que se reflejaba el único rayo de luz que entraba por la puerta del templo.
Desde su construcción, el Partenon ha sufrido múltiples avatares a lo largo de la Historia. Se mantuvo prácticamente intacto durante más de dos mil cien años. Posteriormente se convertiría en iglesia bizantina y desde 1458 en mezquita turca, pero sin que en ningún caso afectase este uso a su estructura original. No obstante, utilizado como polvorín por los propios turcos, estalló en 1687 cuando los venecianos dispararon sobre él. El posterior expolio de sus esculturas realizado por los ingleses y en concreto por el famoso Lord Elgin, también lo dañó considerablemente. En 1894 le afectó un terremoto, y es llegado el siglo XX, cuando se plantea la necesidad de su restauración, la primera de las cuales se produce entre los años 1921-29.

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